Las pistas les llevaron directos a la Puerta del Sol. Esa noche estaba completamente vacía, pero al entrar, Alicia, no pudo ver al asesino por ninguna parte. Detrás suyo llegó Rafa, que se paró a su lado, hiperventilando a causa del esfuerzo. Pese llevar un vestido ajustado y unos zapatos de tacón en motivo de la fiesta de la que venían, Alicia Martínez había llegado rápido y sin cansarse demasiado.

—Señorita Alicia, ¿está segura que el asesino de la Duquesa no ha escapado? —consiguió soltar entre jadeo y jadeo.

—No creo, mi buen amigo, tengo el presentimiento de que nuestro hombre se encuentra aquí mismo. —No temía equivocarse, ella nunca fallaba—. Señor Blanco, vaya a llamar a la policía, yo, mientras tanto, atraparé esa rata escurridiza.

Haciendo un pequeño quejido, Rafael se marchó por donde había venido. La detective inspiró y se dirigió al centro de la famosa.

—¡Señor Esteban, sé que está aquí! —gritó, para probar suerte, acercándose a la fuente del centro, el único sitio donde podría esconderse—. ¡Podemos aprovechar que voy vestida para la ocasión y presentarnos formalmente! —Se ajustó la cinta del pelo con la joya y las plumas en el centro, y el collar de perlas—. De detective a asesino, la fiesta en casa de los Morales estaba siendo muy aburrida, si yo no hubiera decidido revelar su identidad creo que no hubiera mejorado mucho... sin hablar de su magnífica y caótica huida, ¡la señora Morales estaba que echaba fuego!

Había llegado al centro. La gran fuente estaba apagada, pero pudo observar que el agua estaba levemente turbia. Decidió rodearla, mientras seguía hablando.

—Tengo que reconocer que me fue difícil descubrir que fue usted quien mató a la Duquesa de Alba... Escondió muy bien sus huellas, y me encantó lo sutil que fue para hacer que pareciese un suicidio, muy típico... pero ingenioso. —Tenía que hacer tiempo, y esa era una de las mejores formas que tenía—. Lo que no acabo de entender es porque lo hizo... ella le acogió y le cuidó en sus peores momentos, ella le quería como a un hijo... y usted solo la rechazó y odió... ¡Incluso iba a ponerlo como principal receptor de su herencia, su fortuna y su título! —"El golpe de gracia", pensó para sí misma, sonriendo.

El agua de la fuente se levantó con un largo estruendo, y una forma humana apareció de entre las largas ráfagas.

—¡Eso es mentira! —gritó la forma, denotando una gran desesperación y tristeza. Sujetaba una larga daga ornamentada, “Los Morales la van a echar de menos”, se dijo.

Alicia, sin sorprenderse se giró y sonrió al hombre empapado, que se abalanzaba sobre ella.

Sonaron tres disparos, y tres fueron los impactos que recibió Marco Esteban, batiéndolo y tirándolo de espaldas a la fuente, tiñendo el agua de rojo.

—Bien hecho Señor Blanco. —El hombrecillo apareció corriendo por la espalda de la detective, seguido de una muchedumbre de policías—. Sabía que llegaría justo a tiempo.

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